lunes, 28 de diciembre de 2009

Manual para callejones sin salida

Cada otoño, en el calendario político español aparece el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado. Es probablemente, el acto más trascendente de la actividad parlamentaria: decidir cómo se va a gastar el dinero que el conjunto de los ciudadanos entregamos al Estado. Una gran parte de ese gasto se repite año tras año, son partidas corrientes o de gasto fijo, siempre iguales o muy parecidas. Pero hay otras, variables, que esconden los proyectos políticos de cada grupo. Ese es el objeto principal de la discusión y lo que mueve el voto de sus señorías.


En este debate, ha habido tradicionalmente dos escenarios: un ejecutivo fuerte, con mayoría absoluta en la cámara, como lo fueron los primeros gobiernos de Felipe González y el último de Aznar. O por el contrario, gobiernos que necesitan pactar con dos o tres grupos, muy pequeños pero que a la postre, se quedan con la llave de la caja. Este año, toca este segundo escenario: toca pasar por las “horcas caudinas” de los nacionalistas, en los que en esta legislatura se han añadido los diputados socialistas catalanes que han marcado la agenda política del presidente Zapatero desde antes de ser elegido y se comportan como un “lobby” nacionalista más.

Estamos los ciudadanos ante un callejón si salida que se repite en cada elección, en la que solo parece haber dos opciones: O mayoría absoluta, o dependencia de los caprichosos particularismos de pequeños partidos nacionalistas. Porque tanto el PP como el PSOE se han comportado de forma similar cuando han necesitado apoyos para gobernar: dar lo que le piden. ¿Alguien recuerda que un candidato fuera rechazado por la Cámara por no atender las peticiones de los nacionalistas? ¿O no nos acordamos de aquellas declaraciones de Arzalluz en 1998, cuando CiU y PNV votaron a favor de la investidura de Aznar, exultante, en las que afirmaba haber conseguido más con Aznar en catorce días que en trece años con Felipe González?

Pero las mayorías absolutas también tienen contrapartidas negativas, a veces, incluso, más negativas. En España les han acompañado siempre, como inseparable compañero, la corrupción del partido en el gobierno. Las noticias de estos días sobre el caso Gürtel que afecta al PP son muy parecidas a las de los años ochenta del PSOE de Filesa y Roldán en calzoncillos. Y las dos nacidas en el agua estancada de sendas mayorías.

Si se encuentra en un callejón sin salida, lo razonable no es darse de cabezazos contra la pared. Lo razonable es girarse y desandar el camino para buscar otra solución. Ésta es la propuesta de Unión, Progreso y Democracia: hacer cambios en la Ley Electoral que impidan que partidos con un porcentaje mínimo de apoyos, y con escasa visión nacional, tengan la capacidad de decidir sobre el bien común. Necesitamos un partido que tenga el coraje de hacer el mismo discurso en cualquier lugar de España y que defienda los intereses generales de los ciudadanos. Sirva como ejemplo Gorka Maneiro, nuestro diputado en el parlamento vasco, que se quedo solo votando en contra del blindaje de las normas forales, con la sorpresa de socialistas y populares. Y como contraejemplo, los socialistas y populares que votan una cosa en Vitoria, otra en Logroño y, si hiciera falta, una tercera en la Carrera de San Jerónimo. Y si esto es lamentable, mucho peor es su postura de sus jefes no será adoptada buscando lo mejor para el conjunto de los españoles o atendiendo a principios generales de equidad o justicia. Se hará por puro interés; se hará sin tener en cuenta el interés general: se hará por interés partidista.

Y esta forma de entender la actividad política como un simple mantenerse en el poder; de atender la gestión de los problemas, mirando el rédito electoral es lo primero que deberíamos recordar cuando vayamos a votar. Ya saben, para salir de un callejón sin salida, lo mejor es dar la vuelta y mirar en sentido contrario.

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